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| "Disco de la Voyager con información sobre la humanidad" |
El colocar el disco en plato del tocadiscos tiene algo de ritual, de cosa mágica en pleno siglo XXI. Empezando por su tamaño inusualmente grande en un siglo determinado por la nanotecnología, donde en la cabeza de un alfiler se pueden almacenar la información de 50 enciclopedias, también hay que decirlo, pura magia. Pero el tocadiscos es otra cosa, Es un objeto del pasado que ha logrado sobrevivir y sólo las cosas muy buenas lo logran en un mundo en constante transformación y cambio. El colocar el vinilo en el plato te introduce en el mundo analógico, un sonido de un mundo antiguo, ya extinto en cuanto a su procedimiento de elaboración, pero de un sonido y una verdad auditiva incuestionable. El sonido analógico promete dar lo que uno espera, un viaje al pasado que de una manera u otra nos transporta al futuro. Se entremezcla calidez, claridad en una audición perfecta que por unos momentos nos hace olvidar el pasado, el presente y el futuro de nuestras vidas y estar atentos, aunque sólo sea un instante a lo que suena, a esa melodía que nos transporta a lugares insospechados, enigmáticos y placenteros. Y es que colocar el disco nos transporta en un viaje imaginario a un fresco de un mundo que existió, a un momento de nuestra historia y la única forma de retornar a él aunque sea de forma fragmentaria es poniendo un disco y entrar en el simbolismo de la emoción.
Cuando colocas el disco observas su movimiento rotatorio, al igual que la tierra que también gira y tu tienes la extraña sensación de estar inmóvil, pero en realidad también estas rotando, mientras escuchas música que te transporta a otros mundos, imaginarios o de descubrimiento como hace la Voyager en su viaje interestelar. En los años 70 fue enviada hacia un eterno viaje en busca de otras civilizaciones, de vida extraterrestre. A día de hoy esta a unos 19000 millones de kilómetros de la tierra, se dirige al centro de la Vía Láctea dejando el espacio dominado por nuestro sol y sumergiendose en el espacio profundo. En su interior lleva consigo dos discos con sonidos de la Tierra. Entre el diverso contenido tiene una gran variedad de saludos en diversos idiomas, así como sonidos que incluyen a un grillo, un chimpancé, un lobo, fuego, un tren... También un mensaje en latín ( y en este espacio tenemos debilidad por estos detalles) que viene a decir: "Per aspera ad astra"; que traducido significa "a través de las dificultades hacia las estrellas". Y en cuanto a música en los discos podemos encontrar entre muchas cosas el Concierto de Brandenburgo nº2 en fa mayor de Bach o Jonny B Good de Chuck Berry o la Flauta mágica de Mozart... Como anécdota uno de los promotores de esta aventura, el famoso científico Carl Sagan pidio permiso a la discográfica EMI para introducir en el disco "Here comes the sun" de The Beatles, pero estos se negaron. Al iniciar su viaje hacia la inmensidad del espacio, desde la NASA se hicieron unas fotografías de nuestro planeta, en aquella época una novedad y lo que descubrieron fue que la Tierra era un punto azul en medio de la inmensidad, podría decirse de la nada, un punto azul bello eso sí, así que no es difícil imaginarse a uno escuchando música en su casa, en un planeta que es un diminuto punto azul para darse cuenta de las proporciones de todo y el lugar que ocupamos. A uno solo le queda decir a modo de introducción de una buena canción: 1,2,3,4... que empiece la música, estoy dispuesto a viajar

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