sábado, 11 de mayo de 2013

La sensibilidad. Parte nº2.

¿Quien es LeMay?, ¿Que tienen que ver Tokio?, ¿Y el cuadro que demonios significa?.
Tenemos que remontarnos a la vieja Europa en la década de los 30 y en una población en concreto, Guernica. Aquí se dio el inicio a una práctica salvaje que nos introdujo en la era moderna de la tecnología. Se produjo el primer bombardeo de  población civil sin otro objetivo, por supuesto tampoco militar, de provocar el terror y la muerte en la ciudadanía. Así pues las tropas nacionales del líder fascista Francisco Franco con el apoyo del régimen Nazi Aleman arrasaron la ciudad en un claro acto de insensibilidad humana.
Fue en punto de inicio de la debastación de Europa bajo el fuego, Polonia, Praga, Londres... fueron paulatinamente debastadas. LeMay simplemente representa el desarrollo de esta idea de destrucción masiva, de la insensibilidad llevada al extremo. Estamos hablando de Curtis Emerso LeMay, comandante en jefe de la 20 Fuerza Aérea americana, que en 1945 llevó a término un programa de bombardeo de las principales ciudades de Japón. El objetivo de tales ataques era destruir el tejido industrial del enemigo. Introdujo cambios tácticos, centrándose en el uso de bombas incendiarias.
La primera incursión de este tipo se hizo la noche del 9 de marzo de 1945 en la ciudad de Tokio. El resultado fue cerca de 100.000 personas muertas, varias centenares de miles sin hogar y miles de hectareas reducidas a cenizas.
La campaña de LeMay preparó el escenario, limó sensibilidades y posibles  objeciones morales al próximo paso evolutivo en el poder de destrucción de la que somos capaces, hablamos de Hiroshima y Nagasaki las famosas bombas atómicas.
El cuadro es un intento de expresar ese proceso de deshumanización del cual somos capaces. Es una visión sin forma, una explosión de incredulidad ante la barbarie. Ningún ser humano, de ninguna cultura puede evitar sentirse impresionado ante semejante horror y demostración de fuerza.
¿Y entonces que nos queda?
Pues las creaciones culturales, la creatividad humana, el lenguaje, la comunicación, el arte y seguramente el seguir asombrados ante nuestra inteligencia capaz de encontrar nuevos caminos, nuevas realidades y expresarlas, como hacen los artistas. Ellos quizás nos prometan la felicidad, una realidad perfecta mediante la creación de objetos, un libro, una canción o un cuadro. Y como en este espacio hablamos de coleccionismo cuando uno encuentra algo que le apasiona, a parte de de la cuestión estética uno intuye algo más, lo he definido substancia, puede ser una historia, la intuición de muchas horas de trabajo, pero seguramente nada definido y en en eso reside su encanto.
Para finalizar remarcar que si bien tenemos una gran capacidad de creación, también la tenemos de destrucción. Pero es en los pequeños detalles en los que radica nuestra fuerza. Para intentarlo explicar tenemos que remontarnos a 1944, dejamos la guerra del Pacífico para irnos a Europa. Hablamos de la historia del sargento Taylor y  el Mayor Browning. En una de las inumerables ofensivas y contra-ofensivas que se produjeron aquellos tristes días, el sargento Taylor fue muerto cerca de Sant Lo.Era un hombre integro, buena persona. La visión del mayor Brownig al dia siguiente en otra de las innumerables contraofensivas del sargento Taylor siendo devorado por unos cerdos en mitad de la campiña francesa lo marcó inevitable, a pesar de visionar muchos horrores antes de terminar la guerra esa imagen lo transformó. Posteriormente Browning se hizo instructor militar y en sus clases para introducir que significaba la guerra explicaba la historia del sargento Taylor. ¿Y que conclusiones podemos extraer de la historia,? que de la desolación más absoluta, de mirar en su interior, extrajo una idea positiva, encontró un camino que seguramente le evitó volverse loco, hizo arte  de la vida y fue capaz de canalizar la frustración mas absoluta. Seguramente estos pequeños actos son los que nos ayudan a evolucionar como especie, son nuestra fuerza primaria y que hace que hagamos cosas extraordinarias, aunque nos empeñemos muchas veces en crear la devastación.

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