El imperio Romano tuvo un auge y una caída, las modas van y vienen, los productos acortan su ciclo de vida cada vez más deprisa reflejo de una supuesta modernidad acelerada. Y entre todo esto asistimos a la resurrección del tocadisco en pleno siglo XXI. Podría ser que habláramos de nostalgia, pero la verdad es que el mundo de los Long Play y los tocatas tiene su vida propia. Y lo que lo hace particularmente interesante es que muchos jóvenes hijos de la tecnología e internet lo están descubriendo. ¿Que aporta? Pues descubren el LP como un objeto, lo puedes tocar, apreciar y lo más curioso lo ponen en el tocadiscos y suena de miedo. Y es que al la hora de escuchar música las diferencias con el CD son muchas. La forma de registrar la música es diferente, en consecuencia el sonido también, los discos están creados mediante un sistema analógico, el sonido es harmónico y envolvente, En el disco se acumulan mucha más información sonora (no es broma). El oido humano es capaz de detectar una frecuencia de 20.000 hertz y un disco puede acumular hasta 40.000 hertz (nuestro cerebro si que puede captarlo), el CD como podéis imaginar ni se le acerca. Entorno al mundo del vinilo se ha creado una industria de lujo relacionada con los tocadiscos. Los puedes encontrar desde unos 300 euros uno de cierta calidad hasta 250.000 euros los más caros, Estamos hablando de artículos auténticamente caros, para hacernos la idea, una cápsula que sería el brazo articulado del tocadiscos puede llegar a costar 12.000 euros solo esa pieza, incluso algunas agujas valen ese precio.
Y es un mundo en continua evolución, en EEUU están saliendo tocadicos láser, la gran ventaja es que no desgasta el disco pero guarda todas las características de los tocadiscos, por desgracia también la del precio, uno puede costarte 12.000 euros.
Y es que cuando parecía que los días del disco habían llegado a su fin arrasado por el avance de la tecnología mp3 y del CD asistimos a su resurrección, y entre todo este baile de cifras, sonidos e información no puedo dejar de pensar que Beethoven era sordo, vaya vaya como son las cosas.
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