Existen multitud de coleccionistas de abanicos pero de lo que hoy hablaremos es de su código "secreto". Y es que aparte de proporcionar aire, el abanico es un elemento de comunicación en toda regla. Tiene un lenguaje propio y con él se puede decir de todo sin abrir la boca. Ya se sabe el ser humano es complejo por naturaleza, aquí van unas cuantas significaciones:
-Cerrar el abanico tocándose el ojo derecho: "Cuando podré verte".
-Las dos manos juntas sujetando el abanico abierto: "Olvídame".
-Esconder los ojos detrás del abanico abierto: "Te quiero"
-Situar el abanico delante de la cara con la mano izquierda: "Estoy deseosa de sus conocimientos".
(Si,llegamos a este nivel de complejidad)
-Mover el abanico entre las manos: "Te odio".
-Mover el abanico alrededor de la mejilla: "Te adoro"....
Esto es un pequeño ejemplo del intrincado lenguaje del abanico y no es de extrañar que un guerrero como Napoleón los temiera. Se cuenta, quizás sea leyenda o mito o la simple verdad que cuando conoció a Josefina, en uno de sus primeros escarceos, ésta le preguntó que cual era el arma que más temía, a lo que Napoleón respondió sin titubear, el abanico, sin duda el abanico. Lo que siguió es historia, pobre Napoleón.
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