"Sólo se puede ver lo invisible si se está buscando"
Sherlock Holmes
Todos buscamos algo, desde que nacemos lo hacemos y muchas veces no sabemos que es. Uno busca un objeto que ha perdido, otros la verdad o quizás uno busca la solución a un problema, todo es buscar. Puedes buscar razones, ayuda, otros mundos o un amor, una manzana, a tí mismo, una dirección o quizás una piedra preciosa, un libro, un dragón enano a pigmalión. Y como se puede entender los coleccionistas buscan sus tesoros, sus objetos de adoración. La historia esta llena de eternas búsquedas pero hoy hablaremos del poeta italiano Francesco Petrarca. En su juventud Petrarca estudiaba leyes en Francia alejado de su entorno familiar. Su padre un riguroso notario de mente estrecha sospechaba que su hijo gozaba en exceso de su afición bibliográfica, que hacía dejar de lado su objetivo en la vida. Un día su padre decidio presentarse, sin previa advertencia en Francia donde halló montones de libros que nada tenían que ver con el derecho ni leyes. En un ataque de furia decidio castigarle y quemó sus libros para desolación de su hijo. Petrarca siguió sus estudios pero al morir su padre los abandonó y se dedicó en buena medida a la búsqueda de tesoros bibliográficos. En una carta a un amigo Italiano podía leerse: " Por favor, si me aprecias, busca por la Toscana y rastrea para encontrar libros que puedan saciar o debería decir, incrementar mi sed " En esta misma carta confiesa su deseo insaciable en la búsqueda de libros, quizás reveló a su amigo "tenga más de los que necesite" pero Petrarca parece incapaz de contener su su voracidad buscadora. El éxito en encontrarlos reflexiona desata mi codicia por poseer más. Hay algo especial en los libros, pueden caldear el corazón con palabras y consuelo, procurando una estrecha relación con nosotros.
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