"Si la gente supiera lo duro que trabajé para ser un gran maestro,no les parecería tan maravilloso"
Miguel Ángel
Cuando nos fijamos en un objeto y nos fascina, nos magnetiza y finalmente nos atrapa, en algún momento de todo este proceso nos preguntamos el motivo de esa atracción y como todos sabemos somos expertos en hacer preguntas y curiosear. ¿Quizás su material?, ¿el color?, ¿su historia?... preguntamos y preguntamos y por eso seguramente evolucionamos
Pero el tema de esta historia es tratar la originalidad, que sin lugar a dudas puede ser uno de los motivos de la atracción. ¿Que es ser original?, ¿quién está en condiciones de juzgar la originalidad?, ¿Quizás el creador o bien el consumidor?.
Para intentar responder a estas preguntas nos introduciremos en la vida y obra del más famoso y genial orfebre del Renacimiento, hablamos de Benvenuto Cellini. En su Autobiografía Cellini presume de su vida, auténticamente de película comenta: "me he visto envuelto en sorprendentes aventuras y he salido de ellas con vida para contarlo". Nacido en Florencia Cellini fue encarcelado en varias ocasiones por sodomía, tuvo ocho hijos y fue astrólogo. Sufrió dos intentos de asesinato por envenenamiento, uno con diamantes pulverizados y otra mediante una salsa que había preparado un sacerdote vicioso; en su vida convulsa asesinó a un cartero; ciudadano francés por adopción, abominó de Francia; fue soldado; espía...
Respecto a su obra dice "he superado a muchos y he llegado al nivel del mejor, Miguel Ángel, el maestro de maestros". Y es aquí donde encontramos el salero de Cellini, lo produjo en 1543 para Francisco I de Francia y ni el propio Rey se habría servido sal en ese salero. Cellini tenía la intención de causar asombro y realmente lo consiguió. En consecuencia la pregunta es clara, ¿como llegamos a la conclusión que estamos ante una obra de arte, que trasciende su funcionalidad, la de salero, para pasar a ser otra cosa?
Final de la primera parte.
Para ver el salero solo tenéis que poner salero de Cellini en google, en imagenes y ver.
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